Opinión | Ver crecer a la familia, por Rodolfo Izaguirre

Está en la Biblia, no sé si el tono es imperioso, una orden que no admite réplica o si por el contrario es como una bondadosa advertencia, pero en todo caso es palabra del iracundo Dios del Antiguo Testamento: «Sed fecundos, multiplicaos y llenad las aguas del mar, y multiplíquense las aves sobre la tierra». Y allí fuimos y nos multiplicamos como conejos en jaula y uno de mis sobrinos comentó una vez que quería conocer a todos sus primos y parientes y le dijeron que tendría que alquilar el Poliedro. ¡Hablo por mi propia familia! Mi padre y sus numerosos hermanos engendraron hijos que a su vez trajeron al mundo nietos y estos, a su vez, a sus propios hijos y nietos y nuevos hijos hasta alcanzar una extensa parentela que desconozco y me hace decir que mi apellido se ha democratizado en exceso.

En los años sesenta venezolanos, en tiempos de violencia política y tensos episodios guerrilleros, mi hermano mayor llamó a mi oficina en la Dirección de Cultura de la Universidad Central y al escuchar mi voz, dijo que se alegraba de oírme y me rogó que por favor llamara a mi papá porque creía que yo estaba preso. Lo llamé, me identifiqué y le escuché decir: «¡A carajo, es el otro!» y colgó precipitadamente. Así supe que por las calles o avenidas de Caracas o de cualquier otra ciudad o lugar del país camina un sujeto que lleva mi nombre, es hermano mío, pero a quien jamás he visto y me pregunto: ¿cuántos como él llevarán mi nombre o el de mis hermanos? Recuerdo que en mi niñez pasaban los vendedores ambulantes frente a mi casa voceando sus mercancías: ¡Plátanos!, ¡Tierra, tierra para matas! y cuando pasaba el muchacho que vendía carbón, mi mamá gritaba: «¡No le compren a ese que es hermano de ustedes!»

Tuve hermanos adorables porque los veía dos o tres veces al año. Estoy convencido que de haberlos visto con frecuencia habríamos disentido agriamente. Mikel de Viana, que ha muerto en Bilbao, decía que la familia es un peo permanente. Creo también que el amigo que se incorpora a la familia que vamos haciendo a medida que avanzamos en la vida suele ser tan leal y de tan inquebrantable y acerada fidelidad que le confiamos secretos que jamás habríamos depositado en el verdadero hermano.

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