Opinión | La elegancia de un despecho, por Sonia Chocrón

“Antes, las obras donde existía la venganza solían valerse de la locura parcial o la pérdida absoluta del juicio de una persona para de algún modo intentar llegar a las razones profundas que llevan a un ser humano a causarle daño a otro con el objetivo de hacerle pagar por algo. Ya no: ya no hay venganzas con justificativos médicos. Hay solo venganzas. El chavismo no estaba loco, estaba hambriento”.

Por supuesto que esta quinta pata trata sobre la canción que la famosísima cantante colombiana le ha hecho a su ex, el conocido futbolista español, que dice cosas más o menos como lo que sigue. Cito:

«Perdón, ya cogí otro avión, aquí no vuelvo no quiero otra decepción.
Tanto que te las das de campeón
y cuando te necesitaba diste tu peor versión.
Sorry, baby, hace rato que yo debí botar ese gato.
Una loba como yo no está para novatos.
Una loba como yo no está pa tipos como tú. Pa tipos como tú.
A ti te quedé grande y por eso estás con una igualita que tú” 
(…)
“Vas acelerado dale despacio.
Mucho gimnasio, pero trabaja el cerebro un poquito también”
» (…)

Porque el despecho es así: humano, antiguo, necesario, y a veces hermoso. A veces también se parece a la justicia, otras al humor. Otras al infierno. Y es que raro sería encontrar algún ser humano que no hubiera sufrido un despecho amoroso en su vida. Un desencanto, un desamor.

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