Tertulias CPC | En la era del conocimiento, Venezuela pierde su mayor valor: sus científicos e investigadores

Por Bernardo Fischer

Venezuela figura, junto con Ucrania y Siria, entre las naciones que registran las mayores olas de inmigración forzada en el mundo. Según cálculos de organizaciones especializadas en el tema, la diáspora de venezolanos alcanza los seis millones de personas.

A esta tragedia, Jaime Requena, biólogo venezolano, Doctor Honoris Causa y profesor de la Universidad de Cambridge en Inglaterra, investigador del IVIC y ex presidente de la Fundación Instituto Internacional de Estudios Avanzados (IDEA) le agrega otra desgracia adicional: la fuga masiva de científicos e investigadores en Venezuela que ha provocado un retroceso de más de 70 años en este campo.

En un foro organizado por el Caracas Press Club, Jaime Requena hizo un recuento de la evolución y actual involución de la investigación científica en Venezuela.

Una epopeya brillante: la Venezuela entre 1950 y 2000

Sin embargo, no siempre fue así. Entre los años 1950 y el 2000, el crecimiento de Venezuela en este campo fue sin precedentes. Fueron 50 años en los cuales se fundó el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), por iniciativa de Humberto Fernández Morán, que luego continuó su desarrollo bajo la dirección de Marcel Roche, convirtiéndose en un centro de visita obligatoria en el mundo científico por la calidad de sus investigaciones.

Recuerda que, en paralelo, se fundó en la UCV, bajo la rectoría de Francisco De Venanzi, la Facultad de Ciencias que marca el inicio de un Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, en donde aparte del IVIC, las universidades como la UCV, USB o la Universidad de Zulia, el Ministerio de Agricultura y Cría con el FONAIAP, PDVSA con el INTEVEP entre otros, invertían recursos importantes de investigación y desarrollo científico que en 1970 es coordinado por el CONICIT.

“Fue una epopeya, en donde Venezuela alcanzó logros importantes en el campo científico. En el área de la salud, por ejemplo, bajo la dirección del doctor Arnoldo Gabaldón, se creó la División de Malariología que redujo el paludismo, un mal endémico de Venezuela, que afectaba al 17 % de la población, y en algunos estados llaneros hasta más del 30 %, a apenas un 1% con campañas intensivas de fumigación. De solo 12 doctores con PHD que teníamos en los 50 al llegar el año 2000 teníamos más de 4.000 distribuidos en 90 universidades, entre autónomas y experimentales, y más de 200 revistas dedicadas a la divulgación científica. La ciencia era noticia. Periodistas como Arístides Bastidas, en su columna La Ciencia Amena, en el diario El Nacional, fue el pionero e incluso se fundó el Círculo de Periodistas Científicos”.

La mujer en la ciencia venezolana

Uno de los logros cualitativos más relevantes fue la inclusión de la mujer venezolana en el campo científico. De estar prácticamente ausente en los laboratorios y centros de investigación, pasó a ser un conglomerado importante y paritario en el mundo científico venezolano.

Presencia del género en publicaciones científicas 1940 – 2020

Requena recuerda que, de las investigaciones venezolanas, surgieron avances importantes como, por ejemplo, la harina precocida que universalizó la arepa como comida permanente del venezolano o la Orimulsión, la marca comercial dada al combustible fósil que se produce de bitumen natural (70%) mezclado con agua (30%) y estabilizado con agentes surfactantes descubierto por INTEVEP, el cual garantizaba un mercado seguro para el petróleo pesado de la Faja Bituminosa del Orinoco hasta el siglo XXIII.

Pero el mayor impacto de este esfuerzo fue de pasar de una Venezuela en donde el promedio de expectativa de vida era de 50 años a un promedio de 75 años a finales del siglo XX.

El deslave

Para Requena, el inicio de la tragedia en el campo de la ciencia en Venezuela no comienza con la llegada de la llamada revolución bolivariana, sino un tiempo después: el 4 de febrero de 2003, cuando, en un solo día, despiden a más de 700 investigadores con PHD que laboraban en el INTEVEP, acusados de formar parte del llamado “paro petrolero”.

De allí comienza una “limpieza ideológica” de científicos que, en las universidades, se ha realizado en forma paulatina, a través de la reducción permanente de presupuestos universitarios y el congelamiento de las inversiones destinadas a investigación y desarrollo en los institutos de educación superior. En algunos casos, como en la Universidad de Oriente se ha pasado a la destrucción física de sus instalaciones.

El resultado es una fuga masiva de investigadores científicos y tecnológicos y de personal docente. En principio la edad promedio de estos profesionales que salían del país era de 35 años en los 80, para subir a 37 años en el 2000 y situarse en 42 años en 2010

Número de emigrantes dedicados a la investigación y sus edades promedio

“Los trabajos publicados por investigadores en Venezuela se han ido evaporando en la medida en que sus autores han emigrado. Si se compara con países vecinos, como Brasil, en donde su publican alrededor de 35.000 por año, en Venezuela apenas se llega a 1.000”.

Señala que se produce un doble fenómeno: los profesionales jóvenes emigran en busca de mejores destinos y los nuevos estudiantes prefieren dedicarse a otras profesiones alentados por ingresos más atractivos y que no demanden recursos para investigaciones que no están disponibles en el país.

En resumen: un mundo científico reducido y que envejece sin reemplazo a la vista. Requena asegura que hoy la edad promedio de los profesionales activos en este sector es de 54 años.

Evolución de la edad promedio de los investigadores y científicos en Venezuela

En consecuencia, el flujo neto de investigadores venezolanos ha caído en picada. El conocimiento se va evaporando y países como Canadá y Colombia en el campo petrolero o Chile y España en el campo médico-asistencial son los grandes beneficiarios. La caída del flujo neto en este campo no puede ser más elocuente.

Evolución del flujo neto (ingresos vs egresos) de investigadores y científicos entre 1960 y 2020

Como investigador y expresidente de IDEA, uno de los más prestigiosos centros de investigación que tuvo Venezuela, Jaime Requena sabe muy bien que, en una era que es indispensable y estratégico el conocimiento y en el cual en el mundo se destinan cuantiosos recursos públicos y privados en investigación y desarrollo, para el país y su futuro está tendencia es extremadamente peligrosa.

“Gracias a los avances científicos y tecnológicos, el mundo logró vencer una amenaza de grandes proporciones como fue la pandemia del Covid-19. En el pasado, epidemias similares causaron más de cien millones de muertos y largos años de recuperación. En Venezuela, en forma inconcebible, vamos en la dirección contraria y el daño causado puede ser incalculable”.

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