Opinión | A Elisa Lerner en su noventa cumpleaños, por Diego Arroyo Gil

Elisa Lerner retratada por Roberto Mata

La conocí hace ya tiempo. Sé que fue entre finales de 2008 y comienzos de 2009 porque la muerte de Eugenio Montejo había ocurrido pocos meses atrás. Ella quería mucho a Montejo y, en el curso de nuestra primera conversación, una tarde caraqueña, me habló de él con un tono jubiloso y me dijo que lo echaba en falta, “como a tantos otros amigos que ya no están”. Yo por entonces estaba fascinado con la literatura de Elisa, que apenas había descubierto. Me fascinaba, sobre todo, en su voz de escritora, la presencia de un lirismo metafórico gracias al cual el país venezolano –que es una de sus obsesiones– era siempre retratado con una ironía que llevaba a amarlo aun –y más– en sus derrotas.

Con el ánimo todavía herido por la reciente pérdida del buen amigo, Elisa se apoyó en sus recuerdos de Montejo para afirmar que “la poesía ha sido, para nosotros, una forma de resistencia moral ante el dolor de la historia”, una frase que le he oído repetir a lo largo de los años y que persiste con toda su verdad en el cofre de sus joyas verbales. Todos los que hemos leído o hemos escuchado hablar alguna vez a Elisa lo sabemos: tiene en la lengua un bisturí de diamante. De diamante no solo por el esmero de su forma, sino también por su capacidad para diseccionar asuntos incluso terribles de una manera invariablemente fina y elegante, a más de honda. En esa tarea, creo, no hay nadie con quien uno pueda confundirla. Si es cierto que un escritor es un estilo, no existe otro como el de ella y, en ese sentido, nos ha revelado un modo exclusivo de decir: el suyo propio.

En qué consiste ese modo exclusivo de decir quizá lo explique el lirismo metafórico de Elisa que he mencionado, pero para echarle más agua al molino voy a recurrir a una cita suya:

La ironía es una forma hermosa de reírnos un poco de las violencias del mundo –dijo en una entrevista para la televisión–. Yo no entiendo la ironía sin metáfora. Si la ironía no tuviera metáfora se parecería a la violencia del insulto, al sarcasmo de la gente de alma ordinaria. La ironía viene de un dolor que se manifiesta de manera punzante, pero al mismo tiempo no hiriente. Es la paradoja y es el arte de la ironía.

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