Opinión | ¡Si te parece bello esto!, por Rodolfo Izaguirre

AFP

Fueron muchas las veces que acompañé a pie hasta el cementerio a mis amigos estudiantes muertos en duros enfrentamientos con la siempre inevitable y despiadada policía en tiempos democráticos o de dictadura. La marcha estudiantil comenzaba en las inmediaciones de la Roca Tarpeya y se desplazaba con voluntaria lentitud coreando consignas condenatorias. Recuerdo la elegante prestancia de la avenida por donde marchábamos porque se mantenía reciente su inauguración en 1940 y fueron aquellas andanzas fúnebres y solidarias las que marcaron los pasos que diariamente me conducían por los fermintorianos años cincuenta de huelgas estudiantiles y encrespados enfrentamientos con la policía democrática y más tarde con las atrocidades del perezjimenismo. Bajo el chavismo marché poco porque la edad y el bastón obstaculizaban mis siempre mentales y enfurecidos pasos.

Nunca llegué a tener muy claro dónde estaba la frontera que separaba la democracia con el régimen militar autoritario porque la Disip, la Sotopol, la Manzopol, la Seguridad Nacional se me encaramaban y me vapuleaban sin pedir permiso y durante un período  el país era de los adecos y en el siguiente, de los copeyanos y en otro más allá, de algún militar malencarado y el problema permanecía sin resolverse ya que jamás he sido adeco ni copeyano; tampoco he estado inscrito en el Partido Comunista, aunque fui de muchacho compañero de camino de su equivocada y descarriada juventud y a lo largo de mi desalentada vida he abominado toda clase de autocracia. Yo solo era un muchacho que leía con voracidad todo lo que caía en mis manos, visionaba ¡malas películas!, incluidas las mexicanas; me conmovían las fascinantes manifestaciones del arte, detestaba al gobierno de turno y me amargaban sus desacertados manejos políticos. Tuve la suerte de encontrarme en el liceo Fermín Toro con Adriano González León, Luis García Morales y Elisa Lerner porque años más tarde íbamos a crear con Guillermo Sucre, Salvador Garmendia, Perán Erminy y otros poetas y escritores, el Grupo Sardio, renovador de la literatura venezolana.

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