La Gran Aldea | La poceta, el abuso y la pijamada de los influencers: La fiesta inolvidable 

Por Elizabeth Fuentes en La Gran Aldea

Lo primero a destacar es que estaban muy mal vestidos. Sobre todo las damas quienes quedaron retratadas para la breve historia de las redes sociales embutidas en sus ridículos trajes largos que mostraron felices en sus cuentas de Instagram. Alguna con un chaleco de piel, otra con una chaqueta de terciopelo negro, a su lado una con sobrepeso luciendo estampados floreados (¡¿qué diría Carolina Herrera?!) y otra con  un faralao inmenso que le cubría el torso, poco conveniente para la talla de la señora. Nada cómodas, ninguna como para sentarse en la inestable poceta que colocaron encima de un tobo y que solamente una buena borrachera podría ayudarles a soportar semejante incomodidad. Estampa que ha generado cientos de chistes grotescos pero que nadie se atreve a imaginar.

Y aunque lo más seguro es que esta patota de violadores de la ley estén gozando un mundo con su travesura, riéndose de la indignación de algunos o la envidia de otros, la pésima decisión del cumpleañero y sus íntimos amigos permite develar lo que ya se suponía: Que en Venezuela no hay solamente una burbuja donde habitan los bodegones y los dólares en cash, sino que existen decenas de otras burbujas aún más cerradas y elitista en una de las cuales  sobrevive la joyita de Osmel Souza, el único que mantuvo intacta en su cuenta de Instagram la monumental metida de pata y hasta ha montado un canal en Youtube para vender su propio concurso de belleza -By OS se llama-, por el cual desfilan decenas de “candidatas” todas operadas, por supuesto, destinadas quién sabe a qué cosa luego de ser coronadas. Espacio que ya cuenta con ocho clientes donde destacan dos cirujanos plásticos, un odontólogo y varios hoteles, lo que permite deducir el tremendo negocio que ha sido para este hombre traficar con “bellezas” construidas a golpe de bisturí, para seguir siendo alguien en la patética vida que ahora lleva a cuestas y le permite disfrazarse de verde esmeralda para cenar en la cima del tepuy Kusari y mostrarlo en sus redes como quien tiene derecho a todo.

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