El País | Unas atípicas elecciones que aportan normalidad a Venezuela

Foto: Tairy Gamboa

JUAN DIEGO QUESADA

Venezuela vive estos días de espaldas a las elecciones regionales y municipales que se celebrarán el próximo domingo en todo el país. No hay apenas propaganda electoral en las calles de Caracas ni mítines que atraigan a las masas. No se respira ningún entusiasmo por unos comicios en los que poca gente cree, a veces ni los propios candidatos, que no consideran que estos sean justos. Los políticos visitan los barrios a toda velocidad, seguidos de sus camionetas y equipos en campaña, y se van como máximo en una hora, después de saludar y estrechar la mano de gente que arquea las cejas cuando el aspirante se da la vuelta y ya nos lo ve. Tras 22 años de revolución bolivariana, los venezolanos parecen tener pocos incentivos para acudir a las urnas.

La novedad más sorprendente, por la que la gente se frota últimamente los ojos, es que vuelve a haber atascos en Caracas, una ciudad que durante un tiempo parecía desierta. Los conductores lo celebran, en lugar de maldecirlo. La dolarización ha creado burbujas de gasto en determinados puntos como hoteles de cinco estrellas, donde hay fiestas a diario, o ha hecho resurgir el taxi por aplicación como método de transporte, cuando este parecía un empleo extinguido con la hiperinflación. En el barrio de Las Mercedes, uno de los más exclusivos, se levantan edificios de cristal que no se sabe muy bien quién los ocupará. Los precios se han disparado en las cafeterías, donde un café puede llegar a costar cuatro dólares.

Todo eso transmite una extraña sensación de normalidad. Tras ocho años de desastre económico, en los que el PIB cayó el 75%, los expertos creen que se está produciendo un efecto rebote tras tocar fondo. En 2021, la producción petrolera ha mejorado levemente y el Gobierno ha abierto la mano a la inversión extranjera, lo que ha producido una ligera mejoría. No hay estanterías vacías en los supermercados. Las calles parecen algo más seguras. La teoría de muchos es que los malandros se han cansado de robar carteras vacías. El homicidio ha disminuido, pero ha mutado el crimen. Hace meses fue noticia el asalto a un camión blindado que transportaba dólares a un banco. Nadie recordaba un robo de ese tipo.

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