Opinión | Francisco de Paula Santander: “El hombre de las leyes”

Por Rafael Arráiz Lucca

Hijo de Juan Agustín Santander y Colmenares y Manuela Antonia Omaña Rivadeneira Rodríguez, Francisco de Paula Santander nació en la Villa del Rosario de Cúcuta el 2 de abril de 1792. Nieto de gobernadores. Sus primeras letras las recibe en casa y con la señorita Bárbara Chávez, quien enseñaba en la escuela privada de la ciudad. Lleva la vida de un niño de la élite de provincia, en un rincón colindante con la Capitanía General de Venezuela. Señala su biógrafa, Pilar Moreno de Ángel: “La infancia de Francisco de Paula transcurrió plácidamente. Su padre era acomodado terrateniente, dueño de numerosas propiedades rurales” (Ángel, 1989:31).

En 1805 es enviado a vivir en Bogotá para que ingrese becado al Colegio Mayor de San Bartolomé, gracias a la intercesión de su tío, el presbítero Nicolás de Omaña, mejor conocido como el Padre Omaña, quien era el vicerrector del establecimiento educativo. Entonces, se tuvo que demostrar la limpieza de sangre para el ingreso del muchacho, quien tenía trece años.

Tres años después, en 1808, obtuvo el grado de bachiller y siguió en el mismo Colegio los estudios de Leyes, que no concluyó porque se suma al movimiento insurreccional a partir del 20 de julio de 1810. Esto es importante señalarlo: la formación jurídica de Santander no concluyó con una titulación, pero sí estructuró su proceder administrativo. A partir de esta coyuntura, comienza la carrera de las armas del cucuteño.

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