Crímenes sin castigo | La joya de la corona, por Javier Ignacio Mayorca

@javiermayorca

La recaptura del ex director de Contrainteligencia Militar Hugo Carvajal era tan solo una cuestión de tiempo.


No se trata solamente de que la unidad de inteligencia internacional de la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) había precisado su paradero en Madrid, hace por lo menos tres meses. Desde este espacio, siempre advertimos que las opciones del mayor general eran muy limitadas. El cobijo que le dieron sus amigos de la inteligencia española tenía los días contados, tal y como lo advirtió el ex presidente de la Conacuid Carlos Tablante. Además, la recompensa de 10 millones de dólares ofrecida por Washington contribuyó a cerrar mucho más el círculo, dejándolo yermo de lealtades.


Algo de esto se deslizó también en el primer mensaje emitido por la Policía Nacional del país ibérico, la noche del 9 de septiembre, una vez confirmada la identidad de quien fuera conocido como el Pollo en medios militares venezolanos. El cuerpo que llevó a cabo la limpia operación afirmó que el ex zar de la inteligencia de Chávez y Maduro estuvo “siempre protegido por personas de confianza”, en España.

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