Opinión | “La madre es una sombra acostada a los pies”, Carolina Jaimes Branger

Carolina Jaimes Branger

En bendita memoria de Mariely Beatriz Chacón Marroquín

Es una profesión universal. La más antigua. La más conocida. La que no distingue entre razas, credos, nacionalidad, tendencias sexuales, género, capacidades y cualquier otro rasgo o condición distintiva. Es la profesión del amor incondicional, del querer a otras personas más que al propio ser, hasta el punto de dar la vida gustosamente por esas otras personas. Se llama Maternidad, así, con mayúscula.

“La madre es una sombra acostada a los pies”, escribió el poeta Antonio Arráiz en su “Parábola de la madre”. Las madres somos unas privilegiadas y quienes no se sientan así, lo siento por ellas. Porque cualquier mujer puede dar a luz a un niño, pero se necesita una madre real para amar, cuidar y criar a ese niño. Poder dar vida y poder dar la vida por nuestros hijos es algo que nos engrandece, que nos honra, que nos enaltece. En el Reino Animal también lo vemos, en particular en los mamíferos y las aves… pero creo que también es así en otras clases de vertebrados…

Una madre es quien nos brinda su infinito amor para que podamos volar solos, en ocasiones lejos de ella. Una madre es aquella persona que puede ocupar el lugar de los demás, pero cuyo lugar no lo ocupa nadie. Una madre es alguien cuyo corazón deja de ser suyo para pertenecerles a otras personas: sus hijos.

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