Opinión | La difícil modernidad de Occidente, por Francisco Suniaga

Por Francisco Suniaga en La Gran Aldea

Hace unos días me encontré en las redes sociales con un video que resulta atroz para cualquier humano con un mínimo de sensibilidad. Por lo menos eso demostraban los muchos comentarios y reacciones de impotencia de los usuarios ante un acto tan condenable. Un adulto, al parecer maestro, que de inmediato presumimos es musulmán, por la barba, batola y turbante, tiene a tres niños sentados enfrente. El escenario es un aula muy precaria en algún lugar del Asia Meridional. De pronto y sin razón aparente, así se aprecia porque no se entienden las palabras, el maestro comienza a darles bofetadas, una lluvia de ellas a cada niño, muy fuertes a juzgar por la sonoridad. La percepción obvia es que una falta de aplicación a lo que pretendía enseñarles, había desatado la furiosa reacción del hombre. Los niños lloran y se retuercen bajo el castigo, pero nada detiene la golpiza sádica del supuesto maestro.

Al verlo pensé que podía ser una falsedad, aunque usted no lo crea, a pesar de todos los esfuerzos hechos por el terrorismo yihadista islámico, hay quienes piensan que los musulmanes aún necesitan mala prensa. Lo puse en algunos chats y un amigo periodista me envió en unos minutos una nota y cita de un blogger inglés. Me ratificaban la autenticidad del video, que era viral y tenía tiempo rodando en el planeta cibernético. Según contaban, el mismo maestro había ordenado (y dirigía) la filmación, puesto que en algún momento le habla al que está grabando la escena y le da instrucciones. La conclusión es que el educador actúa y exagera su ira, quizás con la idea (acertada al parecer) de que mientras más sádico fuese su comportamiento, más trascendencia (de esa que se busca en las redes sociales) iba a tener su video. Vale decir, era peor que una mentira, se trataba de una verdad actuada. Lo que sí parecía genuino era el llanto de los niños, producto del castigo duro y humillante recibido.

Si la lección, como se puede presumir, era sobre religión islámica, son muchas las preguntas que una mente occidental puede formularse sobre la forma como ese aprendizaje va a incidir en las psiquis de los infortunados infantes. Para los comentaristas de las redes (que a la hora de sentenciar se apegan más a la sharia islámica que al derecho de tradición judeocristiana), no cabe duda de que ese video explica la existencia de los talibanes y del terrorismo yihadista, incluidos los más irracionales, los suicidas. En verdad son tan fuertes las emociones que despiertan las secuencias filmadas, que uno se olvida de inmediato de todas aquellas donde no hay violencia contra los aprendices musulmanes y, horror de horrores, por segundos comparte las opiniones desaforadas en el Twitter. Ese automatismo emocional es el que precisamente despierta las sospechas de que se trata de un engaño, aunque no lo sea en este caso.

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