Opinión | Claro que sé perder, por Naky Soto

Por Naky Soto en La Gran Aldea

La mayoría de los analistas políticos advierten sobre el proceso de negociación en México que la ventaja la tiene el chavismo por la notable asimetría de poder, que las sanciones son la única razón por la que el chavismo asiste al proceso, y que la oposición no tiene mucho más con qué ejercer presión. Son datos sencillos, comprensibles, repetibles. Ese mismo ejercicio es el que deberían estar haciendo cada una de las personas, instituciones y partidos de oposición que avalan las elecciones de noviembre sin garantías ni condiciones. Los que se cuadraron con el poder ya se asumen ‘ganadores’, pero los demás deberán sortear sus tres escenarios probables: Perder; ganar y que no le reconozcan la victoria; o ganar, que le reconozcan la victoria y luego no le transfieran los recursos o le impongan una ‘autoridad’ que nadie eligió.

Desde hace meses hay un movimiento político para desbancar a Juan Guaidó, y con él al resto del interinato, porque las premisas de su ascenso e instalación no se cumplieron. Lo que no se comprende es por qué no trataron de hacerlo por las buenas, con racionalidad y transparencia, por qué todos los esfuerzos por reemplazarlos de la escena han sido tan opacos. Todo lo opaco favorece al chavismo. Los desbancadores negociaron por su lado, presionaron a su manera, y hasta contrataron talentos para repetir sus mensajes en las redes sociales, ¿podrían ahora admitir que avanzó 2021 y no les funcionó la estrategia? No es una solicitud cosmética, es que resulta absurdo leer argumentos a favor de la elección de noviembre, que la llamen incluso una ‘oportunidad de oro’ o un ‘chance irrepetible’. Es un exceso, máxime cuando la idea de fondo es que aún conscientes de que vamos a perder, ganaremos.Las lluvias recientes colapsaron varias ciudades y caseríos en los que ninguna autoridad invierte en el mantenimiento de los sistemas de drenajes y mucho menos en el mantenimiento y conservación de los cauces de los ríos, una tarea que ayudaría a reducir sensiblemente el riesgo de inundaciones. El tema es que en pleno colapso, la primera decisión de Nicolás fue decretar el Estado de Emergencia en el estado Mérida y aprobar recursos que serán manejados por una ‘autoridad’ que nadie eligió, porque él se entiende con quien le da la gana, no con quien dicta la ley, el gobernador Ramón Guevara.

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