Opinión | Luces y sombras del país de hoy, por Ana Teresa Torres

Por: Ana Teresa Torres

Los venezolanos somos, en general, personas cordiales, dadas al buen humor y a la celebración, pero nos ha tocado duro en este siglo XXI y probablemente ese ánimo se haya modificado. En estos últimos 20 años hemos transitado por situaciones muy diferentes a las conocidas, y experimentado cambios y transformaciones en nuestra rutina, nuestra manera de pensar, de vivir, hemos sufrido penalidades que parecían imposibles en un país como el nuestro; y sobre todo en poco tiempo hemos pasado de ser una imperfecta República democrática a un Estado cuya clasificación dejo a los politólogos, pero que desde luego no es ni republicano ni democrático.

Partiré de una idea central, y es que los cambios sucedidos en el país nos conducen siempre al tema del duelo, a partir del cual se desprenden distintas derivaciones. Por cierto, no perdamos de vista que el duelo es la reacción psicológica normal ante la pérdida, y añade Freud, de un ser querido o de una abstracción equivalente (patria, libertad, ideales). Veamos algunas causas del duelo en los venezolanos de hoy.Deterioro general de las condiciones de vida. Para unos más y otros menos la vida cotidiana ha sufrido un notable deterioro que, en algunos casos, por desgracia muy frecuentes, lleva a las personas a sobrevivir sin los servicios más básicos, y todo un largo camino de penurias que, por supuesto, afecta a la población según su vulnerabilidad. Sintetizo este listado que es de todos bien conocido porque forma parte de lo que considero como punto de partida de los cambios ocurridos en la psique colectiva. Aquí naturalmente es necesario hacer una precisión, y es que los que tenemos años suficientes para recordar otros momentos históricos, podemos dar cuenta de que siempre existieron precariedades en la vida de muchos, pero también que, al compararlos con la inédita situación actual, la diferencia es abismal. Nos encontramos ahora con un Estado que ha abandonado a sus ciudadanos y los ha dejado a la intemperie, expuestos a todas las penurias de las que deben defenderse con sus propios recursos, incluyendo aquellos que reciben algunas mínimas ayudas a cambio de su fidelidad política.

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