Efecto Cocuyo | Abuelos migrantes entre los venezolanos que cruzan el Río Grande

Texto por Luz Mely Reyes | @LuzMelyReyes Fotos por Ivan Reyes

Abuelos, adultos mayores, tercera edad.  Cruzan las aguas en la frontera de Estados Unidos, algunos van con sus nietos. Otros van a su encuentro.

La profa N. es huerfila.  A su hijo mayor lo mataron de un  balazo en una protesta . Ella que tiene 75 años y orgullosamente dice que es deportista, que por eso cuando su hija en Estados Unidos le dijo “vamo a dale”, en menos de una semana tomó sus aperos y dejó  Quito, Ecuador, para   cruzar el Río Grande y abrazar una vez más a sus cuatro nietos.

A ella que no le tiembla la voz de quien tuvo funciones supervisoras, a ella se le encoge el cuerpo cuando recuerda a su hijo, el que tenía nombre de rey- en realidad  cuatro nombres-, su muchacho, al que mataron hace cinco años en una estación de servicios en la ciudad de Coro, en Venezuela. Ella tiene un dolor que no puede nombrarse porque aún en español no hay palabra para definir a quien ha perdido un hijo. Ella no quiso perder a sus nietos. 

Ese dolor sin nombre aflora cuando cuenta por qué escogió el camino del río para llegar a los Estados Unidos.

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