Opinión | Parábola del pan, por Juan Villoro

Este artículo fue publicado en Reforma el 24 de abril de 2020

Los gobiernos del mundo anuncian recortes a la cultura en nombre de la economía (ser supremo de la teodicea contemporánea). La paradoja es que la gente sobrevive al encierro gracias a la cultura. Desde hace siglos, el esfuerzo de lavar la ropa se supera cantando.

Churchill aseguraba que Gran Bretaña ganó la guerra por no haber cerrado los teatros. Un pueblo que representa Hamlet durante los bombardeos no puede ser vencido. La afición del primer ministro por la pintura y la literatura fue vista por sus colegas como una extravagancia similar a su ingesta de puros y whisky, y tuvo algunas repercusiones imprevistas (el nombre de la banda de jazz-rock Blood Sweat and Tears surgió del más inflamado de sus discursos y la academia sueca perfeccionó su lista de errores al concederle el Premio Nobel de Literatura). La contradictoria y carismática figura del legendario bulldog inglés no dejará de inspirar películas y series de televisión.

Más allá de las circunstancias de su vida, conviene rescatar una de sus convicciones: la política carece de sentido al margen del arte. Hace unos días, en una carta al ministro de Cultura de España, el director de teatro Lluís Pasqual recordó una frase de Churchill: “Si sacrificamos nuestra Cultura… ¿alguien me puede explicar para qué hacemos la guerra?”.

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