Opinión | Las cinco muertes de Dave Capella, por Sergio Monsalve

Las cinco muertes de Dave Capella

Por Sergio Monsalve

Digo cinco para resumir, pero puedo enumerar diez. El deceso de Dave interpela a Venezuela, al manejo de la enfermedad en redes sociales, al precario sistema de salud, a un país con unos medios de comunicación en terapia intensiva y al riesgo de apostar por una tierra, donde la fama lejos de salvarte, acelera tu extinción.

Necesitamos recuperar la humanidad, el aprecio por el prójimo, la confianza y la mesura. Basta de desprecio y de guerra inducida entre venezolanos.

  1. El primer entierro de Dave ocurre por la mala suerte de contraer la Covid 19 en una patria olvidada por la comunidad internacional, bajo dos gobiernos igual de inútiles, cuyos dirigentes son incapaces de acordar un plan de vacunación efectivo, así como una estrategia de alivio de los síntomas, para pacientes como Dave y su familia. Sin duda, la culpa principal recae sobre el chavismo por la dimensión de su desastre humanitario. Pero el interinato no es menos responsable del fracaso que ahora nos martiriza y sepulta.
  2. Comienza el calvario de Dave antes de la semana santa, llevar la cruz de hacerse cargo de su problema y el de sus papás, al recibir el impacto del coronavirus. Ni trabajar en uno de los canales de mayor rating en la historia, Venevisión, garantiza un mínimo seguro de riesgo para el presentador de Portadas, que siempre le pone buena cara a la adversidad, desde sus tiempos de músico en el Festival Nuevas Bandas, su participación en tarima con grupos extranjeros de talla mundial, su intervención en la Gala interactiva de la Belleza, el espacio líder de audiencia en nuestro contexto. Sin saberlo, Dave redujo sus chances, al empecinarse por entregar su talento a unos canales en fase de decadencia. La sonrisa de Dave, de hecho, buscaba animar artificialmente, como un respirador mecánico, a los programas zombies en los que figuraba. Reductos de envidia y de comportamientos sádicos, matonescos. Desconocía el locutor, que los vampiros de la miseria se cebarían pornográficamente en su dolor, careciendo de compasión y empatía.

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