Opinión | A Marisabel Rodríguez siempre le dan lo suyo, por Milagros Socorro

Por Milagros Socorro en La Gran Aldea

Es cierto que Marisabel de Chávez nunca pareció tener aliados ni apoyos. Al contrario. Siempre le han llovido críticas y descalificaciones, una situación de desventaja en que fue puesta por el propio Chávez. Su imagen era de una mujer malquerida, humillada en público y tratada con muy escasa consideración. Pese a sus reiterados intentos de probar la pureza de su sangre revolucionaria y después de haber soportado dos décadas de burlas, la señora Rodríguez se ganó su vacunita.

Polémica no, indignación. El video que muestra a la ex esposa de Hugo Chávez, Marisabel Rodríguez en el momento de recibir una dosis de la vacuna rusaSputnik V, para prevenir el Covid-19 ha despertado la ira de muchos venezolanos que han visto morir centenares de profesionales de la salud, principalmente médicos y enfermeros, así como familiares y amigos, que no solo no han sido vacunados sino que no han recibido ningún tipo de atención por parte del régimen de Nicolás Maduro, cuyas “políticas sanitarias” no son dictadas por especialistas sino por militares, por burócratas de la dictadura o hasta por los brujos que asesoran a Miraflores.

Ante la furia que produjo el privilegio dispensado a la ex primera dama, esta admitió que no es médico, pero que es “paciente oncológico”, lo que enardeció aún más los ánimos de buena parte del país, puesto que la inmensa mayoría de los enfermos en cáncer en Venezuela no es que no han sido inmunizados con el medicamento ruso o chino, es que no reciben ni siquiera los tratamientos que corresponden. Prueba de ello son las decenas de solicitudes que cada día llenan las redes sociales: los enfermos venezolanos tienen que apañárselas como puedan para rasguñar los remedios y aplicarse las terapias, porque el Estado hace mucho que se desentendió de eso. De esto no escapan, por cierto, los pacientes crónicos o aquejados por enfermedades graves, como tampoco los niños o jubilados. Por donde se le mire, Marisabel de Chávez goza de ventajas que se le niegan a las masas venezolanas; y para colmo, lo exhibe. Restriega en las caras de los desesperados las prerrogativas de que ella goza. Sin pudor. Sin vergüenza. Sin piedad.

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