Cinco8 | “En Venezuela los editores de prensa que amaban el periodismo eran pocos”

Ewald Sharfenberg en la sede de la revista Der Spiegel, en una conferencia con Can Dündar, periodista turco exiliado en AlemaniaFoto: Körber Stiftung

Por Sandra Caula en Cinco8

En pocas cosas estoy de acuerdo con él, pero admiro hace tiempo a Ewald Scharfenberg. Respeto la manera en que trabaja, su firmeza que llega a la obstinación, cómo asume las consecuencias de ambas y hasta sus malas pulgas. Verlo recibir en Columbia una mención del premio María Moors Cabot (minuto 20 de este video) me confirmó en mi juicio.

En 2014, Scharfenberg fundó el proyecto de periodismo investigativo Armando.Info, y con su equipo convirtió la inquina que nos corroe en algo provechoso: ahora sabemos la asombrosa magnitud de cómplices y negocios turbios de nuestra cleptocracia. La gracia los mandó al exilio, pero nada que cejan en su labor. Es de agradecer: en mejores circunstancias hay quienes cacarean mucho pero hacen muy poco, si es que no meten la pata.

¿Cómo se convierte la corrupción en el centro de tu trabajo?

Con el cruce de dos parábolas. Una es mi trayectoria profesional. Hago periodismo desde los años 80, en tendencias, deportes, fui jefe de redacción de un dominical, de una revista sobre publicidad y mercadeo y de Exceso, que fue un primer intento de conjugar periodismo narrativo y cobertura impertinente de ricos y poderosos. Siempre me obsesionó el periodismo de investigación, la prueba cumbre del oficio, su decatlón. Entre 2006 y 2012 dirigí la franquicia venezolana del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS), la organización creada por veteranos periodistas de investigación peruanos que se enfrentaron al fujimorismo. IPYS Venezuela debía promover la investigación y llevé al país a gurúes del oficio como John Dinges, María Teresa Ronderos y Daniel Santoro. Fue como un doctorado para mí. Y llegó el momento de pasar de las aulas a la acción, ante las ambiciones continentales del chavismo, los volúmenes colosales de dinero que la revolución manejó por el boom petrolero, la falta de escrúpulos y de respeto por las formas institucionales. 

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