The New York Times | Parálisis, dolores y muertes: el peligroso oficio de los buzos de langostas en Nicaragua

Por Kirk Semple

PUERTO CABEZAS, Nicaragua — Cada vez que está en el mar, el buzo reza una oración justo antes de arrojarse al agua. Eso se ha convertido en un ritual constante desde que casi perdió la vida en una inmersión hace tres años.

“Dios, ayúdame una vez más”, suplica el pescador de langostas Edmundo Stanley Antonio. “Acompáñame en el agua”.

Esta sencilla invocación encierra múltiples preocupaciones. Que la manguera de aire improvisada a la que está atado no tenga una fuga. Que el compresor de aire en la superficie no falle. Que su conciencia innata de la distancia y el tiempo (no tiene un reloj ni un medidor de profundidad) sea mejor que la vez que salió a la superficie demasiado rápido desde una profundidad de 45 metros y fue golpeado por la enfermedad por descompresión, que dejó parte de su cuerpo paralizado durante un año.

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