Opinión | Al maestro Aristóbulo, sin ningún cariño, por Elizabeth Fuentes

Por Elizabeth Fuentes en El Cooperante

Caracas.- Con muchos kilos demás – seguramente engordó en Navidad comiendo hallacas y pernil del bueno-,  Aristóbulo Istúriz reaparece para admitir su fracaso estruendoso como doble ministro, dirigente político y eso que llaman revolucionario: las sanciones, la anterior Asamblea Nacional, el «bloqueo criminal»  y  cualquier pamplinada similar, han sido los culpables de que hoy los maestros  ganen 1 miserable dólar diario, bien distinto a lo que él ganaba cuando era maestro en plena democracia, valga el recordatorio. Lo que equivale a decir que sus enemigos ganaron. Que de nada les ha servido estar en el poder por más de 20 años, tener a la cúpula militar a su favor y hacer trampas en cuantas elecciones inventen, porque los malos de la película los superan sin disparar un tiro. Que el monumental fracaso en el área económica ha sido dictada desde el bando adversario y ellos, pobrecitos, no han logrado hacer nada en contra de semejante agresión sino ver desde sus despachos como los maestros y profesores se mueren de hambre, se ponen a vender emanadas -porque les resulta más rentable- o se van del país en busca de un capitalismo más justo y organizado.

Pero ocurre que la mala suerte a veces resucita en Miraflores y más o menos cuando el ministro de Educación Aristóbulo Istúriz contabilizaba las razones de su fracaso, se develó que en las antiguas residencias estudiantiles Livia Gouverneur, donde desalojaron a los estudiantes que allí vivían porque supuestamente iban a transformarlo en un centro para atender enfermos por la COVID-19, acaban de inaugurar  un Bodegón (la palabra preferida de la nueva oligarquía chavista), una heladería y una venta de golfeados de lo más bonitos y arreglados, mientras se ignora si en el resto del edificio albergan a los  enfermos por el virus, lo que sería la descripción perfecta del desastre que somos como país: Un bodegón cohabitando con la miseria. 

Y a partir de aquí  surgen las preguntas básicas que este y cualquier  ministro debería responder si hubiese prensa libre en lugar de esa comedia mala que protagonizó el gordo Aristóbulo ante las cámaras de VTV: 

-Señor ministro, ¿cómo explica que las sanciones  le pulverizaron el salario a los profesores y maestros, pero permiten que el país se llene de bodegones donde venden productos de Estados Unidos?

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