Opinión | El Método Kerese y el insospechado relato de La Danubio, por Willy McKey

Por Willy McKey en Prodavinci

Antes de que en Venezuela se nacionalizara el petróleo en 1976, antes de que el Cine Caribe se transformara en el Estudio Mata de Coco en 1985, antes de que Kubala maldijera en su idioma natal que España no clasificara para el Mundial de Fútbol de 1970, un húngaro inmigrante aprendía en hornos ajenos todos los misterios gozosos de la harina, los azúcares y la grasa.

Así, en marzo de 1970 y obedeciendo el rigor de una mujer andina que supo domar su corazón y estimularle el impulso, se hizo de una casita en Chacao donde no se ha dejado de hornear durante los últimos cincuenta años.

Medio siglo cumpliendo, con excepción de dos días al año, con el compromiso de generar las condiciones ideales para que toda una ciudad pueda participar en los paganos rituales de romper los ayunos, consentirse en las meriendas y satisfacer el capricho el dulce que se lleva a casa, el detalle para no llegar con las manos vacías, los pasteles que celebran que el tiempo pasa y las urgencias posibles de todo café.

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