Opinión | La inútil reinvención de Rafael Ramírez, por Elizabeth Fuentes

Rafael Ramírez es tan descarado como aburrido. A la red que ha armado para hablar bien de sí mismo -tiene su propio canal en YouTube, un portal con su nombre y todas las redes sociales posibles-, se suma ahora el insistente rumor de que está escribiendo su biografía. O la ha mandado a escribir con la intención de mostrar “la mejor versión de sí mismo”, ese lugar común tan de moda que funciona para cualquiera.

En un intento inútil por rescatar su imagen, “RR” -porque el hombre también tiene su logotipo-, ha gastado un dineral limpiando su reputación, tal como lo demuestra una simple búsqueda de su nombre en Google y  donde  aparece de primerita una versión muy light de Wikipedia sobre el susodicho, seguido de su cuenta de Twitter, luego surge el portal que lleva su nombre y, en orden descendente, todas las entrevistas que le han hecho desde que se divorció del gobierno de Nicolás Maduro. Un dineral debe haber pagado por eso porque, como sabemos, manipular Google para que la búsqueda de algún determinado personaje arroje en el inicio solo resultados positivos, es algo que los expertos en marketing político y consultoría de imagen cobran y bien caro porque lleva tiempo y trabajo, entre ellos hacer click miles de veces cada día a las informaciones positivas, de manera que “asciendan” en la preferencia del buscador.

Aunque el dinero a derrochar es el menor de sus problemas porque RR tiene suficientes euros para pagar su aspiración de salir limpio y puro de la caverna donde se ocultó por más de un año durante el cual estuvo haciendo quién sabe qué para salir ileso de las garras del imperialismo, como le gustaba calificar antes a Estados Unidos. Un Gobierno que casualmente ha sancionado a todo su entorno, a sus mejores amigos, hasta a su primo Diego Salazar pero, vaya casualidad, ha dejado de lo más tranquilo a este Ramírez que vive ahora plácidamente en las afueras de Roma junto a su esposa Beatriz Rondó, la misma a quien nombró abogado de PDVSA por 30 mil dólares mensuales cuando RR era el zar del petróleo y cualquier abuso de poder estaba permitido porque era (y sigue siendo), la norma de cualquier chavista en el poder.

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