Prodavinci | Luisa Pernalete: “No olvidemos el acompañamiento psicosocial en la educación a distancia”

POR Indira Rojas

Los estudiantes venezolanos inician un nuevo año escolar el miércoles 16 de septiembre. Las clases serán dictadas a distancia. Escuelas y familias se preguntan cómo asegurar el éxito para los alumnos a pesar de la incertidumbre, las fallas de conectividad y las deficiencias en los servicios básicos. Esta es la tercera entrega de Desafíos de la educación en pandemia, una serie sobre la perspectiva de los expertos en políticas educativas para comprender la situación venezolana. En esta oportunidad habla Luisa Pernalete, profesora del Centro de Formación e Investigación Padre Joaquín de Fe y Alegría. Impulsa el programa Madres Promotoras de Paz. Fue directora regional de Fe y Alegría para Guayana entre 1998 y 2008, y fue reconocida en 2013 con el Premio de Derechos Humanos de la Embajada de Canadá en Venezuela y el Centro para la Paz y los Derechos Humanos de la Universidad Central de Venezuela.

Uno desea que los niños, las niñas y los adolescentes vuelvan a verse las caras y que todos digan que extrañan a sus maestros. Aunque la relación afectiva no es exclusiva de la presencialidad, lo es en buena parte. Si la decisión de la modalidad para el próximo año escolar dependiera sólo de mis deseos, yo votaría por hacerlo de manera semipresencial: vernos las caras, encontrarnos con pequeños grupos de estudiantes siguiendo todos los protocolos de protección contra el covid-19, dejar a los niños jugar aunque no tengan contacto físico. Me gustaría poder reducir las desigualdades, aunque fuera por esos pocos días que pudieran ir a la escuela; responder sus preguntas, escuchar sus ocurrencias y, aunque no hablen todo el tiempo, saber cómo están.

Pero cuando toco tierra y empiezo a enumerar datos de la realidad venezolana, me digo que no hay condiciones. No hay agua todos los días en todos los planteles, como tampoco la tenemos los ciudadanos en muchas zonas del país; y no todas las escuelas tienen salones ventilados, como se recomienda en estos tiempos de pandemia para reducir el contagio. ¿Cómo llegar a los planteles con esta escasez de gasolina para el transporte particular y el público? Dado el empobrecimiento de las familias venezolanas, según datos de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), ¿cómo adquirirán uniformes si muchas familias no tienen ingresos para comer? Sabiendo los salarios miserables de los docentes de las escuelas públicas y de las subsidiadas, como los ha calificado el director nacional de Fe y Alegría, ¿cuántos maestros van a regresar a sus trabajos el próximo año escolar? No veo condiciones para volver a las aulas. No creo que en los pocos días que faltan para iniciar el año escolar sea posible solucionar los problemas planteados. 

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