Prodavinci | Un venezolano en Beirut: es como vivir el mal dos veces

Por Valentina Oropeza


La tierra sacudió a Chagid Bacha. Se estremecieron los vitrales de la iglesia donde comenzaba la misa de seis en Jounieh, una ciudad cristiana ubicada en la costa libanesa, a 17 kilómetros de Beirut. Los feligreses se miraron confundidos. “¿Tembló?”, preguntó alguien en árabe. “¿Una bomba?”, especuló otro. Chagid le abrió paso a su tío abuelo Mikhail y a su mamá, Ilham, para que entraran a la fila que se hizo en el pasillo principal para salir del templo. Los celulares comenzaron a sonar. “¿Están bien?”, preguntó su hermana por el chat de la familia en Whatsapp. “Hubo una explosión en Beirut”.

Se montaron en el auto y, antes de arrancar, Chagid miró el celular. Sus amigos de Caracas preguntaban si estaba vivo. Abrió el último video que recibió por Whatsapp y vio cómo un enorme hongo de llamas, polvo y estruendo arrasaba el paisaje que abarcaba la pantalla de la cámara. 

Regresaron a casa y prendieron la televisión. Los noticieros reportaban una explosión en el puerto de Beirut a las 6:08 de la tarde, aquel martes 4 de agosto de 2020. Ninguna organización terrorista había reivindicado un ataque y el gobierno libanés se mantenía en silencio. Los amigos libaneses de Chagid se preguntaban por los chats si habría sido un ataque de Israel contra el Líbano.  

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