El País | Los migrantes venezolanos en Colombia afrontan la pandemia entre la vulnerabilidad y la xenofobia

Una migrante venezolana carga a su bebé en un campamento improvisado en las afueras de Bogotá.
Una migrante venezolana carga a su bebé en un campamento improvisado en las afueras de Bogotá.LUISA GONZALEZ / REUTERS

El coronavirus ha mostrado con crudeza la vulnerabilidad de los migrantes venezolanos en Colombia. En su país de origen, al que miles han buscado regresar, las autoridades chavistas los han tratado de “armas biológicas” y les han restringido el retorno. Y de este lado de una porosa frontera de más de 2.200 kilómetros, las medidas de confinamiento decretadas para contener los contagios les dificultan ganarse la vida en las ciudades que los habían acogido. Todo en medio del aumento de los recelos nacionales frente a un colectivo que se encuentra desprotegido.

Durante los últimos meses, los retornos han tenido gran visibilidad. A pesar de las restricciones de movilidad y el cierre de fronteras, más de 95.000 migrantes venezolanos han regresado desde distintos lugares de Colombia, de acuerdo con las cifras más recientes de Migración Colombia. Al menos otros 42.000 ha manifestado esa intención. Sin embargo, representan apenas una muy pequeña fracción del universo de migrantes que han encontrado refugio en Colombia, por mucho el principal destino de una diáspora que supera los cinco millones de venezolanos que han salido empujados por la hiperinflación, la inseguridad o la escasez de alimentos y medicinas.

La radiografía es dramática. A finales de mayo había en Colombia casi 1.765.000 ciudadanos venezolanos, según las cifras de la autoridad migratoria. De ellos, un millón son irregulares –es decir que han entrado por las trochas, o excedido los términos del permiso concedido–­, y nueve de cada diez alimentan las filas de la informalidad. En su inmensa mayoría, hacen parte de las franjas vulnerables de la sociedad que han sentido con más fuerza los embates de la crisis económica. En un contexto de aumento de la pobreza y el desempleo, muchos necesitan ayudas para sobrevivir un momento muy difícil, como ha advertido desde abril el Consejo Noruego para Refugiados (NRC).

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