Opinión | Tarek William Saab se reinventa y se vuelve a reinventar, por Elizabeth Fuentes

07-08-2020-SAAB

De aquel joven delgado y amable que recorría las redacciones de los diarios con sus poemas en una carpetica bajo el brazo y denuncias varias de violaciones de los Derechos Humanos en el otro, no queda ni el celaje. Para entonces Tarek William Saab tenía esa paciencia infinita que viene de la humildad y podía esperar horas por un reportero hasta que finalmente le tomaban alguna declaración sobre su más reciente denuncia. Sin certeza ninguna de que su “noticia” se iba a destacar tanto como a él le habría gustado, el joven abogado igualmente regresaba a las redacciones con sus poemas y sus acusaciones en busca de algún rincón en la historia, quién lo diría.

Nos caía bien a los reporteros y, de tanto martillar ayuda, finalmente El Papel Literario le llegó a publicar algunos versos. “Era un joven de mirar tranquilo y una semi sonrisa que parecía resistir a todo lo sombrío”, lo describió el poeta Luis Alberto Crespo cuando ninguno de los dos había trajinado por esa arena movediza que es el chavismo, ese fango que se traga lo mejor de cada quien, ambos incluidos.

Porque con el poder vino su primera reinvención, esa palabra de moda tan molesta y buena para todo: El joven buena nota llegó a diputado y luego a gobernador y de allí en adelante se dedicó a rehacer su imagen, a limpiarla de los rumores sobre corruptelas que provenían de sus adversarios al interior del PSUV, batalla que encaró armado de mucha musculatura y una soberbia nueva para quienes conocían su habitual serenidad. Más adelante, como Defensor del Pueblo y Fiscal General, su acceso al petit comité de Miraflores no lo dejó ileso de semejante compañía y, como todos, se reinventó otra vez para convertirse en una réplica de Hugo Chávez y sus modos: El desprecio por el adversario; la ignorancia de cualquier atisbo de justicia; la mentira y el olvido como arma; la arrogancia como estilo, y una fiscalía al servicio del poder que solo quiere ver víctimas de su lado de la acera.

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