Gatopardo | Parir en la pandemia, por Sebastián Kohan Esquenazi

Mientras el coronavirus se abría paso en el país, Martina, instalada en su cuarentena uterina, se negaba a nacer. Su padre escribió está crónica entre la angustia y la alegría que significó recibirla en tiempos de emergencia sanitaria.

1.

El 15 de marzo pasado la Negra, mi pareja, cumplía 9 meses de embarazo. En su interior se había formado un ser humano llamado Pipi de manera provisoria, pues su madre había decidido que no quería saber el sexo de la criatura. Un día, bajo la obligación socio comunicativa de nombrarle, alguien le dijo Pipi y así se quedó. Era un nombre funcional que al no tener género, le otorgaba el derecho de ser lo que quisiera. El problema surgía con el diminutivo, empleado muy frecuentemente dado el pequeño tamaño del ser en cuestión. Que Pipina para acá, que Pipino para allá, o que Pipine no sé qué.

Ese 15 de marzo Pipi cumplía 40 semanas ahí adentro y no mostraba señal alguna de querer salir. La decisión de cuándo hacerlo era únicamente suya, ya que habíamos decidido que sería un parto natural, o humanizado, como le dicen en México a los que suceden fuera del quirófano. Quisimos disfrutar el nacimiento del nuevo integrante y no pedirle a un doctor que mirara su agenda y nos dijera qué día tenía libre para desenfundar su bisturí y sacarle de ahí. Todo de tal forma que el críe, dando vueltas en su líquido amniótico, como si estuviese en el espacio, fuera quien decidiera cuándo tocar la puerta para que le abrieran. En cuanto eso sucediera nosotros tendríamos que salir disparados rumbo al hospital. Además de los nervios y los dolores, había que considerar  que en la Ciudad de México las distancias no se miden en metros, sino en tráfico. Es decir, el espacio se mide en tiempo, aunque Hawking se retuerza en su tumba.

Cuando las contracciones se repitan cada equis tiempo, y duren no sé cuántos minutos, nos dijo el ginecólogo, significa que la dilatación es de no sé cuántos centímetros. Pipi va a salir cuando la dilatación sea de diez, por lo cual, ustedes tienen que llegar al hospital con ocho centímetros. Como muchas otras instituciones privadas de salud, ese hospital cobra una fortuna por día, así que si decides llegar antes y esperar ahí, es problema tuyo.

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