Prodavinci | Mi papá era el béisbol, por Mari Montes

Todavía me preguntan por qué me gusta el béisbol. A veces me parece extraño, pero aún después de todos estos años, no falta quien quiera saber de dónde viene mi pasión por el juego de pelota.

Entonces tengo que hablar de ti. El gran culpable de mi amor por el béisbol, los tangos, los boleros, las rancheras, las bandas de Jazz de los años 50, La Onda Nueva de Aldemaro y las películas de John Wayne.

Entonces cuento, para responderles, que tiene que ver con la felicidad.

Era muy divertido sentarse contigo a ver los juegos, por todo lo que sucedía. Yo no entendía, pero te veía disfrutarlo, me sentaba recostada en tu costado derecho, hasta que algo pasaba y tenía que moverme porque empezabas a gesticular, ligando un batazo o lamentando un error. Discutías con el televisor o con el radio, y era cuando aprovechabas para explicarme alguna situación, y así fue como el béisbol se convirtió en una cosa de nosotros dos, en nuestra clave de comunicación. Casi todo lo hablábamos en clave de béisbol. Me gustaba acompañarte al estadio, siempre tenías un cuento.

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