Opinión | Cada vez que lanzo una mascarilla a la basura, pienso en Venezuela y entro en pánico, por Astrid Cantor

Credit…Ariana Cubillos/Associated Press

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La autora es médica cirujana.


ÁVILA, España — Calles vacías, urgencias colapsadas, miedo. No, no es la primera vez que lo veo. En 2017, durante las protestas, me inundaba la incertidumbre cuando me disponía a caminar el eterno kilómetro y medio que había entre mi casa y el hospital del seguro social en Mérida, Venezuela, donde hice mi internado. ¿Será que se iba a acabar el país, el mundo? Pero jamás me imaginé que la misma sensación la tendría tres años después en España.

Salgo a trabajar como médico en una ambulancia de soporte vital avanzado (UVI móvil) para pacientes críticos, atravesando calles antes dominadas por el tráfico que la cuarentena ha reducido a soledad y silencio. Como miles de médicos venezolanos de la diáspora, estoy ejerciendo la profesión en una pequeña ciudad de 60.000 habitantes llamada Ávila. Rápidamente me di cuenta de que si no limitamos el contagio, no estaremos preparados para hacer frente a esta enfermedad. La cantidad de material fungible y equipos de protección personal que he usado y desechado ya sobrepasó las reservas que tenía mi servicio y nos encontramos en niveles críticos. Cada vez que lanzo una mascarilla a la basura, Venezuela me viene a la mente y entro en pánico.

Lee más en The New York Times

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