Opinión | Ya no sabemos estar solos , por Elizabeth Fuentes

27-02-20-SOLOSLas redes sociales han generado decenas de investigaciones, consejos, literatura y hasta una nueva forma de ansiedad bautizada FOMO (Fear Of Missing Out, por sus siglas en inglés), que se produce por la necesidad compulsiva de estar conectados. Basta estar dos o tres días sin celular, para sentirnos solos y abandonados de alguna manera. Para el sicólogo John M. Grohol, “el miedo a perderse de algo se ha convertido en un sentimiento muy real que está comenzando a permear nuestras relaciones sociales. La pregunta es: ¿Alguna vez nos conformaremos con lo que tenemos, en lugar de aferrarnos al temor de que nos estemos perdiendo algo mejor?”.

¿Son las guacamayas mascotas del entrenador Richard Linares menos libres que los followers adictos a las redes, los que insultaron a la bióloga Diana Liz Duque, los que se cortaron las venas en defensa o contra el dueño de las aves?

En este episodio patético, donde el odio se paseó nuevamente por las redes y los involucrados recibieron su andanada de “teclazos” a favor y en contra de cada uno, la verdadera víctima -como en cualquier guerra-, fue la verdad. Que en este caso es la vida real, tan subestimada la pobre. Y si bien hubo hechos concretos, contantes y sonantes, como la suspensión de la cuenta de Instagram de la bióloga, “cyberacosada” por los furibundos seguidores del entrenador, también es cierto que a semejante impasse se le dio una importancia desmesurada en un país donde lo exagerado suele ser la norma y el hostigamiento anda de lo más armado y con charreteras.

“La muestra de un grupo de 200.000 usuarios de iPhone reveló que cada hora que se pasa en Facebook dejó ‘infelices’ a 64% de los usuarios, y a 51% de los usuarios de Instagram”

Sin embargo, algunos fanáticos de las redes asistieron felices al enfrentamiento virtual del entrenador y la bióloga como si estuvieran en las gradas del combate entre Muhammad Ali y Joe Frazier. Con una peligrosa mirada acrítica sobre el papel de las redes, dispararon contra su más reciente enemigo sobrevaluando la dimensión de una herramienta de comunicación más, que en el caso de las guacamayas se transformó en una gallera de mala muerte. Lo que permitió entrar en ese mundo paralelo nacional -otro más-, a  algunos usuarios que se han creído la palabrita “influencers”, se imaginan  protagonistas de la noticia y suelen transformarse en la mejor publicidad de sí mismos, exhibiendo sus opiniones como fundamentales y posteando y  grabando lo que consideran vital para el resto del planeta, a cambio de una gratificación inmediata -los likes, los emojis bonitos, el aumento del número de seguidores-, hasta que deben abandonar el teclado y encarar la vida misma con sus problemas y sus miserias, hasta el próximo post.

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