Opinión | El avión y el presidente, por Alberto Barrera Tyszka

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El presidente de México se ha empeñado en poner a volar al avión presidencial en un sorteo popular. ¿Qué sentido tiene rifar un bien público en la lotería nacional? ¿Es una acción típica de un líder populista o es una jugada improvisada, tan absurda como ridícula?

 

Dice Loris Zanatta, especialista en historia de Latinoamérica, que “dado los problemas que crea, a la palabra populismo es mejor pedirle lo menos posible”. Conviene huir de las definiciones específicas y hurgar más bien en el “poder evocador” del término. Sostiene el estudioso italiano que “el núcleo más íntimo del populismo es una nostalgia unanimista”. Esta premisa supone que existe, en el inicio de los tiempos, un pueblo unido, una identidad pura y noble que ha sido saqueada y contaminada, a la que es necesario rescatar, redimir. Es cierto: sin esta concepción religiosa —sin esta naturaleza salvadora— no puede entenderse el liderazgo populista. Su trabajo, su acción política, se presenta como una permanente cruzada por derrotar al mal y recuperar un paraíso perdido. No importan las ideología ni los supuestos presupuestos ideológicos. La promesa de Donald Trump de volver a hacer grande a Estados Unidos, se emparenta con el fervor de la Cuarta Transformación de Andrés Manuel López Obrador, dispuesto a liquidar el pasado de “gobiernos faraónicos” y devolver a México una verdadera revolución.

Dentro de este contexto simbólico, todo líder populista necesita ser tercamente leal a sus enunciados más radicales. Es un sello de denominación de origen, una garantía de autenticidad. Trump no deja nunca de recordar el muro. Eso establece un diálogo permanente con su público, que añora una comunidad perdida, un edén blanco y anglosajón. En Latinoamérica, territorio definido por la pobreza y la desigualdad, la austeridad en el poder es una bandera imprescindible. En ese sentido, más aún que la austeridad real, lo que realmente vale es el espectáculo de la austeridad. No importa si la rifa del avión es algo rentable, si existen mecanismos eficaces para realizarla y lograr distribuir las ganancias de otra manera. Lo que importa es reiterar la austeridad del líder, su capacidad de renuncia y su capacidad de castigo al pasado. Ese es el negocio.

Lee más en The New York Times

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