Prodavinci | Isabel Palacios: “Aquí nos la pasamos haciendo de aprendiz de brujo”

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Por Hugo Prieto en Prodavinci

La sensibilidad en estado líquido, como el agua, busca su cauce. En el caso de Isabel Palacios ha sido tanto como una aventura, impregnada de las más variadas formas del arte. En esta parroquia llamada Venezuela, siempre ha sido un emprendimiento a contracorriente. ¿No es ahí donde brota la realización del ser humano, lo que comúnmente llamamos el éxito? El presupuesto, si lo ha habido, siempre ha sido una rareza. ¿Con qué uña, gavilán? Con las de un águila. Lo que sigue a estas líneas es un vuelo ascendente, uno más, hasta el risco de una labor inconclusa, pero plena y satisfactoria, también de lo que sigue, porque como lo diría el filósofo del béisbol: «El juego no termina hasta que se termina».

En el suroeste de Caracas hay un oasis que, en medio del desierto y la aridez, ofrece una rareza inagotable. ¿O acaso hay otro lugar donde podamos escuchar un concertato de Mozart? Esta es la apuesta de Isabel Palacios, directora artística de la Fundación Camerata de Caracas. Es lo que sabe hacer. Una pieza de arte para alimentar el alma.

¿En esta etapa, donde todos hemos tenido que trabajar con las uñas, cómo le ha ido? 

Ha sido muy difícil, por supuesto, como para todo el mundo. Pero La Camerata, para bien o para mal, ha tenido un entrenamiento en eso de trabajar con las uñas. Nunca hemos tenido un presupuesto mínimamente decente. Siempre venían pequeños aportes y casi todo se ha hecho —aunque las palabras suenen cursi— por mística, por amor, por ilusión con el proyecto, porque sabíamos que esta aventura nos haría crecer, nos haría mover. A pesar de que no hay muchas oportunidades para este tipo de proyectos en Venezuela, decidimos aceptar el reto. Cuando no hay nada, yo ni siquiera me detengo, sigo por el camino, un paso a la vez, y algo va a salir. Te podría decir: ¿qué hemos hecho nosotros  en estos 42 años, que tenga presupuesto? Ha sido rarísimo. Lo que no quiero perder nunca, en La Camerata, es la razón por la cual empezamos a ser músicos, ni la absoluta seguridad de que todo lo que empieza va a terminar.

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