The New York Times | En Chile protestar cuesta un ojo de la cara

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— El 28 de octubre, Brandon González, de 19 años, marchaba con un grupo de manifestantes por la avenida principal de la capital andina, cuando la policía antidisturbios que bloqueaba la vía hacia el palacio presidencial empezó a disparar gases lacrimógenos y balines de goma endurecida.

González, quien venía de su trabajo en un hospital equipado con vendas y gasa para atender a manifestantes heridos, agarró una piedra y se la lanzó a un vehículo policial que estaba disparando gases lacrimógenos a la multitud. Segundos después, vio a un carabinero a unos 7 metros de distancia apuntándole con un rifle a su cara.

“Sentí un impacto en mi ojo y todo se puso negro. Levanté mis manos para que dejaran de disparar, luego me acosté en el piso y me dispararon tres veces más”, dijo González, quien trabaja como auxiliar hospitalario. “Pensé, ‘van a matarme’”.

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