Opinión | ¿Por qué arden las calles?

Moises-Naim.jpgPor Moisés Naím en El Comercio

Es por la desigualdad económica. Y los bajos salarios. También por la baja o nula movilidad social y la falta de un futuro mejor para los jóvenes. Es por los servicios públicos infames. Y por la globalización y la pérdida de puestos de trabajo causada por las oleadas de inmigrantes, de productos chinos o de robots. También por los políticos que han perdido la sintonía con la gente y no representan más que a sí mismos y a los intereses de las élites. Por las redes sociales y los furtivos agentes que las utilizan para sembrar discordia, profundizar los resentimientos y la desconfianza que divide a la población, o hasta para crear nuevos conflictos. Es el resultante debilitamiento de la familia como núcleo de la sociedad. Es la pérdida de dignidad, de comunidad y de las tradiciones y reglas que contribuyen a crear identidad y sentimientos de afiliación y solidaridad. Es también por la discriminación racial o las tensiones entre grupos étnicos, religiosos o regionales. O por la necesidad de desalojar del poder un régimen político inaceptable o de resistir a la adopción de leyes injustas.

Estas son solo algunas de las explicaciones más comunes de las protestas callejeras que están sacudiendo al mundo. Qué ensalada, ¿verdad? Hay de todo. Tanto mitos probadamente falsos como realidades fácilmente verificables.

Pero cada una de estas explicaciones es motivo de ensayos, artículos y libros que las razonan. Todas buscan las causas más profundas de disturbios callejeros que tienen disparadores muy concretos. El aumento del precio de la cebolla en India, del trigo en Egipto, de la gasolina en Ecuador y del diésel en Francia, el impuesto al uso de WhatsApp en Líbano, la adopción de una ley de extradición en Hong Kong, las trampas electorales de los gobiernos de Bolivia y Rusia, la sentencia de los líderes independentistas en Cataluña, el aumento del precio del metro en Santiago de Chile son solo algunos ejemplos de la diversidad de eventos que sacan a la gente a la calle. Y que, a veces, tumban gobiernos o los obligan a abandonar sus planes.

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