Prodavinci | Los héroes del abuelo

05-Hazaña

Por Mari Montes en Prodavinci

Era uno de esos días en los que recordaba especialmente a su abuelo. Los araguaneyes y bucares estaban en flor, así que se puso a contarlos, como hacía con él cuando regresaba por esa misma vía desde el colegio en su carro azul plata con radio de botones. Uno escogía el árbol nacional de flores amarillitas y el otro el impactante bucare con sus hojas naranja.

-Se encendieron los árboles, por eso tienes calor – le decía el viejo antes de comenzar el juego.

Como salió temprano de la oficina se fue hasta el pueblo de El Hatillo para comprar conservas de guayaba envueltas en hojas de plátano. Ya no quedan muchos lugares donde vendan dulces criollos.

Cuando era niño, El Hatillo era un pueblito al que iban a pasear los domingos para comer churros y otras chucherías y si era diciembre, como hacía frío, las acompañaban con chocolate caliente.

Antes El Hatillo quedaba como en las afueras de Caracas, pero con lo que creció la ciudad, ahora no parece tan lejos.

En la cena se dio cuenta de que sus hijos no conocían los dulces de guayaba, ni los coquitos, ni las melcochas. Quedaron fascinados con los sabores y se divirtieron estirando el caramelo.

Cuando a todos les dio sueño, se acostó en la hamaca del balcón y ahí se fue quedando dormido, recordando los disparates que le decía el abuelo cuando empezó a fallar su memoria. Los dulces criollos le hicieron evocar las miles de historias que él le contaba una, otra y otra vez y otra vez…

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