Prodavinci | Camilo Sesto y la educación sentimental

.Por Willy McKey en Prodavinci

Cualquiera de las estrategias que pretenden aliviar la rutina de los trabajos de la casa han sido históricamente apreciadas por mi madre. Ella, quien incluso ahora que sus dos hijos no estamos en casa sigue limpiando cada sábado, siempre aprovechó esa dinámica para impartirles a sus dos crías varones las más importantes lecciones de nuestra educación sentimental: su música.

Aun así, con la música de Camilo Sesto era distinto. Su olor era el del café recién hecho: al final de la tarde, mi mamá se tomaba una taza de guayoyo viendo hacia el impecable paisaje de nuestra casa limpia mientras oía «Melina» o aquella versión de «Getsemaní» que sólo años después supe que pertenecía a un musical de Andrew Lloyd Webber. Porque para mí esa canción no era el Mesías antes de su crucifixión, sino el café de Chela viendo el extenso piso rojo del apartamento de la letra L, piso 9, Bloque 36.

Y ahí se me juntan el pop, la memoria y la tristeza.

Entonces, recuerdo que hay un documento audiovisual capaz de resumir en apenas minutos la dimensión performática de la balada española, pero que también es un hermoso documento pop de la absurda y conmovedora tristeza del éxito.

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