Efecto Cocuyo | La agonía de pacientes y familiares después de la emergencia ( y V)

La pierna de Franklin Pérez* está vendada desde el tobillo hasta la cadera. Una bala le perforó el muslo izquierdo durante un operativo policial en el oeste de Caracas el 22 de julio. Lo que fue una emergencia se transformó en un largo calvario. Desde esa fecha, Franklin y su esposa permanecen en la sala de urgencias del hospital Dr. Miguel Pérez Carreño, adscrito al Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (Ivss).

Las excusas que mantienen al hombre acostado en una cama se repiten cada semana. Un día no hay sangre para operar. Otro día, dijeron los médicos, faltaba el oxígeno. Después los quirófanos se contaminaron por una filtración.

Los días pasan, pero Franklin sigue en la emergencia, donde los baños no sirven y se le hace imposible asearse. Donde su esposa debe dormir en una silla junto a él cuando logra convencer a los vigilantes de que le permitan ingresar para acompañarlo. Donde padecen la falta insumos y el déficit de personal de salud.

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