Opinión | Mis décadas con Fidel Castro

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3812683.jpgPor Enrique Krauze en The New York Times

En enero de 1959, cuando era un estudiante de 11 años, me enteré del triunfo de la Revolución cubana por la madre de un amigo. Su esposo era un brillante economista marxista. “Por fin se hará justicia: todos pobres, pero todos parejos”, dijo la señora. Años después, ella me dio a leer Escucha, yanqui, el libro del sociólogo C. Wright Mills en el que exhibía la responsabilidad de Estados Unidos por haber explotado y menospreciado a los cubanos.

Supe entonces que el agravio histórico databa de la guerra de 1898 y, tras la invasión de bahía de Cochinos en 1961, presentí —como tantos otros— que se volvería insoluble. Lo que no era fácil de entrever era la dimensión que alcanzaría Fidel Castro como uno de los hombres más influyentes del siglo XX. Su biografía estaría inscrita en la de todos nuestros guerrilleros, líderes sociales, intelectuales, presidentes. Quiso ser el redentor de América Latina. Y para algunos, hasta el día de hoy, lo fue.

REVOLUCIÓN 60
 Este es un ensayo de Revolución 60, una serie que examina las seis décadas de la Revolución cubana. La sección reúne a escritores, intelectuales, artistas, protagonistas, disidentes y partidarios de la Revolución para discutir su papel en el desarrollo histórico de América Latina y sus relaciones con Estados Unidos en los últimos sesenta años.

Casi todos los escritores de mi generación abrieron los ojos a la política con la Revolución cubana. Nuestros maestros en la universidad, contemporáneos de Fidel Castro, veían en ella la reivindicación definitiva de “Nuestra América” frente a la otra América, arrogante e imperialista.

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