The New York Times | Nicolás Maduro debe liberar sin condiciones a la jueza Afiuni y todos los presos políticos

El 5 de julio, Día de la Independencia de Venezuela, llegó con una gran noticia para todos aquellos que esperan lo mejor para el futuro del país: Michelle Bachelet, la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, anunció que la jueza María Lourdes Afiuni había sido liberada del régimen de presentación después de casi diez años de confinamiento. Sin embargo, su liberación llegó con condiciones: el juez a cargo de su caso estableció restricciones que le impiden viajar al extranjero y limitan su libertad de expresión. La jueza Afiuni fue liberada junto con un periodista, Braulio Jatar, y otros veinte presos políticos. De este modo, uno de los actos más arbitrarios de Hugo Chávez ha sido por fin revertido.

Afiuni había permanecido encarcelada sin un juicio durante más de un año. Su crimen había sido otorgar la libertad condicional supervisada a un banquero, Eligio Cedeño, quien por su parte había estado en prisión durante más de un año sin ser enjuiciado; la corte le exigió el pasaporte al banquero y que se reportara cada semana con la jueza. Pero en vez de hacer esto, el banquero huyó del país y la jueza fue acusada de “corrupción propia, abuso de autoridad, favorecimiento para la evasión y asociación para delinquir”. En la cárcel de mujeres donde estaba encerrada sufrió abusos sexuales y psicológicos (como amenazas de muerte de reclusas a las que les había dictado sentencia), y su salud e integridad física fueron puestas en serio peligro.

Como parte de una gran cantidad de personas que buscaron la libertad de Afiuni, nosotros llevamos a cabo negociaciones directas con el gobierno de Chávez con el fin de presionar y conseguir su liberación. Cuando la salud de la jueza llegó a un punto de alto riesgo, le fue otorgado arresto domiciliario. Al final, fue dejada en libertad condicional con régimen de presentación, pero durante años no fue posible que una sentencia definitiva terminara con la pesadilla que tuvo que soportar. Por lo tanto, recibimos la noticia de su liberación con sentimientos encontrados, pues, aunque es un paso en la dirección correcta, tardó demasiado en llegar y es aún un proceso incompleto. El sufrimiento extremo de una mujer valiente y resistente, dedicada a hacer cumplir la ley, nunca debió haber ocurrido.

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