The New York Times| Las mujeres rarámuris y su vestimenta tradicional: una historia de resistencia

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El sol desértico se empezaba a sentir a media mañana en Chihuahua, México, el miércoles antes de Pascua. Así se oía también el sonido de los tambores en la comunidad de Oasis. En el asentamiento, que forma parte de la colonia Martín López, viven unas quinientas personas rarámuris, a veces conocidas como tarahumaras, parte de un grupo indígena que ha sido desplazado por la sequía, la deforestación y el cultivo de drogas en la sierra Madre.

En la ciudad enfrentan aún otras dificultades, amplificadas por la forma en que los rarámuris destacan.

Las mujeres usan vestidos brillantes y a veces pasan tardes enteras cosiendo vestimentas tradicionales, sin importar las presiones de la población mayoritariamente mestiza de México para asimilarse a un estilo más “occidental”. Para el pueblo rarámuri, la asimilación es una negación, pero hay una idea muy arraigada entre algunas personas en México de que el progreso depende de abandonar ciertas tradiciones de la historia indígena del país.

Yulissa Ramírez, de 18 años, quiere desafiar esa noción. Tiene planes de estudiar Enfermería cuando se gradúe de la preparatoria, lo que significaría un uniforme casi obligatorio de ropas blancas, pero espera que el programa le permita usar un vestido rarámuri típico, de color blanco. “La sangre corre rarámuri y no nos debemos avergonzar”, dijo Yulissa.

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