OPINIÓN | Para Nicolás Maduro y Rusia la guerra ya comenzó en Venezuela

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Por Juan Carlos Zapata en Al Navío

De pronto ya no es sólo la ayuda económica por parte de Moscú a Caracas. De repente ya no es sólo el respaldo político por parte de Vladímir Putin a Nicolás Maduro. De pronto ya no es sólo que dos aviones de combate Tu-160 aterricen cerca de Caracas y surquen los espacios del Mar del Caribe venezolano como parte del plan de cooperación militar entre las fuerzas armadas de Rusia y Venezuela. Ahora se habla de una base militar. De una base en la isla de La Orchila, cercana al litoral más próximo a Caracas; una isla que solían usar los presidentes para descanso o entrevistas estratégicas con otros mandatarios. En La Orchila se efectuó la cita entre Anastasio Somoza y Carlos Andrés Pérez cuando este lo quiso convencer de que abandonara el poder en Nicaragua. A La Orchila fue llevado prisionero Hugo Chávez al ser depuesto en abril de 2002, y de La Orchila era rescatado horas después. Entonces, Nicolás Maduro huía. Entonces, ¿una base militar rusa en Venezuela?

De esto se habla en estos días. De esto se ha venido hablando desde hace meses. Inclusive años. Cuando Chávez y Putin se acercaron y estrecharon relaciones. Cuando ambos coincidieron en que los Estados Unidos y Europa –Occidente– eran el enemigo. Putin ha dicho que Occidente no lo reconocerá ni dejará de criticarlo sino cuando Rusia entregue, se entregue, cuando entregue los recursos naturales, cuando disuelva el Ejército, cuando se rinda, pues. Lo mismo decía Chávez, que insistía en que el imperio de los Estados Unidos iba por el petróleo, por la reserva petrolera más grande del planeta. Putin y Chávez, en más aspectos coincidieron. En los métodos antidemocráticos. En la acumulación del poder. En amparar un modelo de Estado corrupto. En Rusia, los oligarcas. En Venezuela, la boliburguesía. Putin y Chávez coincidieron en ser desafiantes. Y ese desafío se mantiene con Putin y se mantiene con Nicolás Maduro. A Putin le cuadra el desafío de Maduro, que encabeza un gobierno que sufre el peso de las sanciones internacionales, igual que el gobierno de Putin, que, pese a todo, sigue en desafío, plantándole batallas a Occidente, de las cuales ha salido victorioso. Putin necesita a Maduro. Sólo en la medida de usarlo como pieza de ese desafío hacia Estados Unidos, en el patio trasero de los Estados Unidos. De allí que Putin se oponga a un cambio de régimen por la fuerza. Y un Maduro débil, con una crisis económica y petrolera aguda, sin divisas, sin acceso al financiamiento, aislado en lo internacional, es una pieza que Putin puede manipular a su antojo. Putin es así. Es el estilo de Putin. Y Maduro se dejará llevar. No tiene otra opción en estos momentos.

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